LA PALABRA SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS
“Y la palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria… llena de gracia y de verdad” (Juan 1:14)
La Palabra primigenia, origen de todas las cosas se encarnó y habitó entre nosotros. La “Palabra” de Dios, el Cristo humano, quiso abrazar a la humanidad con su gloria llena de gracia y de verdad. Pero en la vida conocemos otras “palabras” que no producen gracia, sino des-gracia. Como aquella palabra que pronunció la hechicera sobre el príncipe que no le quiso aceptar matrimonio y lo convirtió en sapo, en el cuento de Rubem Alves, hasta que llegó la magia del beso que lo volvió a su realidad de príncipe.
En realidad somos lo que las palabras han hecho de nosotros. Las palabras son como un hechizo. En cierta forma ese es el camino de muchos seres humanos. Nacemos “príncipes” y gradualmente las palabras nos van haciendo “sapos”. ¿De donde nos vienen esos hechizos? Desafortunada de nuestros padres, hermanos mayores, tíos, abuelos y hasta maestros. Podemos pronunciar hechizos que degradan la vida de nuestros semejantes, pero también podemos pronunciar palabras que construyan y eleven la vida de los demás. En este tiempo de Adviento, Dios nos regala su “Palabra” llena de gracia y de verdad, el Cristo encarnado, para romper el hechizo de nuestra animalidad y llevarnos a nuestra realidad más humana.
ORACIÓN: Señor, abrázanos con tu gracia y tu verdad para que nuestras vidas se transformen a la imagen y estatura de Cristo. Amén.
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