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Discurso de Rafaela Vos Obeso en los 120 Años del C.A.
Discurso de Rafaela Vos Obeso en los 120 Años del C.A.

rafaela-vos.jpgMi niñez y adolescencia transcurrieron plácidamente en el Colegio Americano, bajo la mirada disciplinar de Ms. Blair, Bradley y Dickinson, quienes no perdían la oportunidad de vigilar nuestros pasos y escondites, lo que incitaba nuestras travesuras.  La mesa verde fue nuestra compañera pero también cómplice.

Los amplios espacios que disfrutábamos en los recreos permitieron tener contacto con la naturaleza, la brisa, los pájaros, de los cuales añoraba su libertad—cuando a través de las ventanas oía su cantar,---la profesora Josefa Huertas, así lo percibía, y para aquietarme, me entregaba la regadera,-una lata de Saltinas Noel la cual se agujeraba manualmente con un clavo,-y feliz salía presurosa del salón a empapar el jardín—era la forma de aquietarme, después de realizada las labores escolares.

Crecimos bajo una vigilancia extrema, así lo veía en el pasado.  Hoy bajo los ojos de la madurez, y de haber optado por la profesión de docente le doy otra lectura: fue la entrega y la responsabilidad moral de mujeres misioneras de la Iglesia Presbiteriana quienes apoyadas por una red solidaria de maestras, se constituyeron en mis referentes académicos y morales, soportes éticos de mi formación intelectual.  La rigurosidad de la seño Olga, profesora de biología, y su celo para que aprendiéramos la familia y los nombres de cada una de las plantas marcaron otros de nuestros contactos con la naturaleza; la seño Rosa, con su estricta disciplina al no perdonar los errores ortográficos, entrego las bases para desarrollar mi pluma y mi pasión por la lectura.  A los 14 años ya habíamos leído obras como el Quijote de la Mancha.  Así eran esos tiempos.

Hoy siento que las afugías de la niñez y la adolescencia fueron solo vivencias que me enseñaron a ser una persona sensible y comprometida, la disciplina que en el pasado era mi tortura hoy son los referentes mediáticos de mis responsabilidades docentes, y aquella convivencia multiétnica determinó mis principios de igualdad en la diferencia.

Crecí con princesas wayuu, con las hijas de cantantes como las del maestro Escalona, las inspiradoras de la “casa en el aire”, de niñas negras, judías, italianas, alemanas, entre otras, procedentes de diferentes clases sociales y orígenes étnicos…era la época en donde Barranquilla, centro de emigrantes, se constituyó en refugio de familias que huyeron de la guerra y se quedaron en éstas plácidas y cálidas tierras.  Pero no fue ese el único factor, es necesario rescatar la concepción filosófica que ha determinado la historia del Colegio Americano, siempre fiel a sus principios de la ética protestante, no importándole el hecho de ser blanco de la excomunión de la iglesia católica a mediados del siglo pasado, sencillamente por formar bajos preceptos diferentes a las ideas confesionales de aquel entonces.  Aquellos segmentos históricos quedaron en mi mente cuando mi madre contaba que mis hermanas mayores fueron excomulgadas por estudiar en el Colegio Americano; sin embargo ella, confesamente católica, nunca desistió de la idea de que sus hijas se formaran bajo los preceptos del Colegio Americano.  En ese contexto crecí dimensionando en mi proceso de crecimiento intelectual que las mujeres tenemos derechos y que teníamos que luchar por ellos.  Formo parte de esa generación de mujeres activistas que hemos contribuido a transformar la cultura de una sociedad que se resistía a reconocer a las mujeres como seres pensantes.  El Colegio americano me dio los insumos para entender el derecho a la igualdad en la diferencia.

Cuando devino el proyecto de unificar los dos colegios, el de varones y el de señoritas, para nosotras fue un gran impacto.  Después de 10 años de cómplices travesuras, transformar abruptamente nuestros comportamientos fue catastrófico, ya que la convivencia con varones en un inicio no fue fácil---nuestras meriendas por ejemplo, cotidianamente se extraviaban, puesto que las mismas servían para saciar el hambre de nuestros nuevos compañeros….y como para ponerle limite a nuestras persecuciones, se guarecían en sus exclusivos baños….no fueron tiempos fáciles para jóvenes formadas bajo la pedagogía del orden y la disciplina.

Comprometida en el presente con procesos educativos e investigativos como docente universitaria, y hoy Vicerrectora de Investigaciones, Extensión y Proyección Social de la Universidad del Atlántico, sigo comprometida con la esperanza, consciente que son tiempos socialmente difíciles, pero que nuestra fe por el futuro de una región y un país nos obliga a que ésta no se constituya en sueño, sino en una realidad que se va modelando, como la escultora que talla día a día la piedra, sin la posibilidad de desfallecer ante su dureza.

Creo en la Universidad Pública, porque es una ilusión de los sectores más vulnerables de nuestra ciudad para tener una vida mejor, ya que nuestra sufrida región es reconocida como la más pobre después del departamento del Chocó.  Creo en el conocimiento como un reto para el desarrollo en el siglo XXI, ya que “no podemos concebir un desarrollo integral y sostenible del país, si no logramos una efectiva articulación de esfuerzos, un trabajo en red que nos conduzca a la celebración de alianzas estratégicas y un pensamiento global que nos facilite a estar abiertos a los nuevos rumbos que nos genera la realidad histórica imperante en el país.”  Creo en la democracia responsable como expresión respetuosa del derecho a ser diferentes pero también la semilla de construcción de la paz.

Este largo recorrido que he realizado en mi vida académica y investigativa y los reconocimientos que como el que hoy me entrega el Colegio Americano, no hubiesen sido posible sin el apoyo de mi esposo Félix Álvarez que con mirada y espíritu reposado ha podido comprender mis inquietudes, y sin el amor cómplices de mis hijas las amadas Silvia Renata (q.e.p.d.) y Oriana Sofía hubiese sido imposible caminar por la vida.

Gracias, doctor William Schutmaat y a la Junta Directiva del Colegio Americano por éste reconocimiento, en el Centésimo Vigésimo aniversario, cuya responsabilidad histórica como es la de continuar con el proyecto Americanista vino a bien, logrando paulatinamente recuperar nuestra historia, costumbres, esencias, ese ethos que distingue a las egresadas y egresados del Colegio Americano que con orgullo siempre repetiremos: “una vez del Colegio Americano siempre del Colegio Americano.”

Barranquilla, Marzo 13, 2009

120 Años

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