-¡Maestro ... maestro...!, decía el niño admirado por la sabiduría del hombre vestido de túnica. -¡Maestro ... maestro ...!, gritaba la mujer, el soldado y la multitud que le escuchaba, seducidos por el encanto de la palabra y el verbo iluminado del anciano… Pero el hombre sabio calló de repente y comenzó a llorar. El mejor de sus discípulos le preguntó : ¿Por qué lloras maestro?.
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